Querida creadora de la tierra y en consiguiente, de la humanidad:
No sé si eres Dios, una explosión fortuita, un extraterrestre que se aburría y decidió hacer de nosotros un juego de los sims , pero seas quien seas, con todo el respeto del mundo y con mi mas humilde opinión, con que pocas ganas lo has hecho o que manazas eres.
¿Por qué crear un planeta? ¿No tenías suficiente con los demás? ¿Por qué no escribir un libro, tener un hijo o plantar un árbol? ¿No había otro propósito de año nuevo que elegir? No sé, adelgazar, comprarse un coche, hay cientos.
Y entendiendo tu capricho de crear la tierra y claro está, ya que te molestas en comprar una atmósfera y algún que otro trozo de tierra en el que apoyarse que menos que adornar con alguna dulce margarita - me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere-, alguna apasionada rosa, un sonámbulo búho, una fóbica araña, un fiel canino y una hermosa mariposa. Y que me dices de los espectaculares peces, esos seres capaces de vivir en el maravilloso medio acuático.
Y con el buen pie que llevaba tu proyecto, con lo lista que parecías para que creas la humanidad, o mejor dicho, pasa que creas las relaciones humanas, la amistad, el amor, la familia, para que los sentimientos, amor, odio, soledad, rencor, aprecio, venganza, los dignos de que existe algo entre dos o mas personas, los besos, los abrazos, el sexo , las miradas, los choques de manos.
¿Por qué haces que esté todo relacionado con todo? ¿Por qué las amistades pueden acabar en amor? ¿Por qué un beso en la boca puede desencadenar una caricia de más en la cama? ¿Por qué una traición en una amistad termina con la mas brutal venganza? ¿Por qué los rencores ocasionados por las cosas mas irrelevantes acaban con los grandes amores? ¿Por qué el amor de una pareja destruye las familias más unidas? ¿Por qué los hijos provocan la separación de los padres? ¿Por qué las cenas más familiares separan las familias mas numerosas? ¿Por qué el afán de ser machitos, de ser duros destruye tantas cosas? ¿Por qué tantos porqués? Te lo diré, porque no terminaste tu proyecto, te ha faltado el libro de instrucciones, ¿entiendes? No puedes lanzar al mercado un Ipod exprendedor de condones y no meter en la caja un papel que diga: " Apriete el botón rojo para extraer condón si se le ha olvidado recargar el cajetín apriete el botón "reset". Acompañe la píldora del día después con un vaso de agua."
¿Me sigues? Para nada reniego de la humanidad, solo te pido que si tengo que vivir una media de 70 años con ella al menos quiero ese libro, una simple ayudita, vamos que te cuesta. Además, no me puedes recriminar que no haya intentado entender la vida yo sola, he vivido fracasos amorosos, he visto a la muerte llevarse gente muy cerca, he perdido familiares sin necesidad de que muriesen. He vivido el rencor en mis propias carnes, he sido víctima de la venganza en varias ocasiones. A veces, he sido incluso m´´as adulta que estos, he perdonado, he querido, he sentido aprecio, he llorado hasta quedarme seca y he reído hasta que mi boca se ha estirado.
Vamos, en el fondo sabes que me lo merezco. Siete décadas intentando comprender la incomprensibilidad de tus caprichos es mucho tiempo.
Espero atiendas mis súplicas.
La friki humana.
Querida humana:
Lo he intentado, sinceramente que si, con todas mis fuerzas. Pero hay tantos tipos de humanos y algunos tienen tantas caras que cuando termino de describir a uno hay tres más. Lo siento.
Hasta dentro de siete décadas
lunes, 17 de enero de 2011
domingo, 10 de octubre de 2010
Aquel por el que mi corazón daba cada uno de sus latidos.
Hace diez meses decidí bautizar al 10 de noviembre del 2010 como el día de mi boda. Hoy me encuentro aquí, vestida de blanco, en el principio del enorme pasillo que me lleva a él. Trescientas setenta y tres personas fijan su mirada en mí y se dedican a admirarme. Sólo hay una mirada que no me admira, una que está deseando oir un no y que me espera al final de este pasillo. Levanto la cabeza y una falsa y obligada sonrisa aparece en mi rostro. Al ritmo de la música mis pies avanzan, mis ojos se inundan y una pequeña lágrima cae precipitadamente por mi mejilla, pero nadie se da cuenta, solo él. Sigo caminando a la vez que mi corazón acelera por segundos. Habia soñado cientos de veces con ese momento y estaba todo calculado, planeado milimetro a milimetro, pero un viejo amigo tenía razón cuando dijo que el amor no puede planearse. Si estaba allí era porque en teoría había decidido hacer lo que me convenía, lo que haria cualquier persona responsable, sin embargo el corazón me pedía huir con el, aquel por el que mi corazón daba cada uno de los latidos, con el que verdaderamente quería. Pero el futuro estable, el futro prometedor, el futuro familiar, el futuro de comodidad me esperaba con un anillo en la mano al final del corredor. Y él no me aporta nada de eso, sin embargo en una mirada de tan solo una décima de segundo es capaz de jurarme amor eterno sin abrir la boca. Estoy frente al altar, los miro a los dos, al padrino y al novio, a los amores de mi vida.
- Alicia, ¿Quieres casarte con Ismael?
La iglesia entera se para, se detiene de repente, los veo a los dos clavando sus ojos en mí, el mayor deseo de uno en ese momento es oir un no y el del otro, un sí. Y yo debía decidir la decisión más importante de mi vida en una décima de segundo. Pero no lo sé, no sé con quien quiero huir, y tengo sólo una décima de segundo, dos días en mi mundo.
- Alicia, ¿Quieres casarte con Ismael?
La iglesia entera se para, se detiene de repente, los veo a los dos clavando sus ojos en mí, el mayor deseo de uno en ese momento es oir un no y el del otro, un sí. Y yo debía decidir la decisión más importante de mi vida en una décima de segundo. Pero no lo sé, no sé con quien quiero huir, y tengo sólo una décima de segundo, dos días en mi mundo.
sábado, 4 de septiembre de 2010
" Y por ello soy hija del diablo "
Abro el armario y me meto dentro, hecha un ovillo. Noto como el aire limpio se gasta a medida que respiro. Entre las dos puertas atisba un rayo de luz. Si hubiera silencio se podría escuchar mi corazón latir a la velocidad de un rayo, pero no lo hay, oigo gritos de rabia, de tristeza, de desesperación, de socorro. Tengo mucho calor y no logro moverme. Si me tomase una foto o me pusiera un espejo frente a mi, podría ver mi cara de espanto, propia del momento que estaba viviendo. Despacio, muy despacio logro moverme y llevo mis ojos al resquicio de las puertas. No veo nada, tan solo mi habitación tan normal como siempre, la observo y de pronto veo como un cuerpo choca fuertemente contra el armario, es mi madre. El que dice ser mi padre, aunque para mi dejó de serlo hace un tiempo la llama cosas que ni en sus mejores momentos ha logrado ser él. La coge del brazo y la zarandea como si se tratase de una maraca, con la diferencia de que mi madre siente y padece. Ella solo llora y pide compasión, pues sabe que si se resiste los golpes serán peores. Como si de un látigo se tratase coge su cinturón y le machaca la espalda, una y otra vez, una y otra vez. La arroja a la cama e intenta hacer lo que todo el mundo piensa, pero sin quererlo, simplemente como un acto reflejo ella le propina una patada en la cara y el choca contra la puerta del armario regalándole a mi corazón un susto más. Un suave grito pero suficiente para que sus oidos lo oigan sale de mi boca. Sus ojos se encuentran con los mios a traves de las puertas y yo, en un segundo de valentía y odio, abro las puertas haciendo que caiga al suelo. Y corro a lo largo del pasillo, corro desesperadamente y tan rápido como nunca lo había hecho, bajo al piso de abajo y voy a la cocina. Al final, cinco cuchillos cuelgan del mueble, yo no cojo ninguno pero mi rabia agarra el más grande. Bajo la mesa y cubierta por un enorme mantel rojo lo espero. Oigo sus pasos e incluso su conciencia que intenta pararlo, pero parece estar sordo o simplemente ser algo peor que el diablo. Veo su sombra a través del mantel y se detiene, quizás al oir mi respiración. Levanta el mantel y en cuanto alza las manos para cogerme yo alzo el cuchillo y se lo clavo una y otra vez llenando su cuerpo de odio y mis manos de sangre.
No mató a mi madre y por eso está en el cielo pues antes de morir pidio perdón a eso de ahí arriba, yo si lo maté a él y por ello soy hija del diablo, el nivel de justicia parece ser el mismo aquí abajo y ahí arriba, ¿ no crees?
No mató a mi madre y por eso está en el cielo pues antes de morir pidio perdón a eso de ahí arriba, yo si lo maté a él y por ello soy hija del diablo, el nivel de justicia parece ser el mismo aquí abajo y ahí arriba, ¿ no crees?
miércoles, 28 de julio de 2010
A quinientos metros de la felicidad.
Nunca había montado en moto y me daba un poco de miedo, pero supongo que me ayudó que me dijese que me agarrase con todas mis fuerzas a su cintura. No íbamos muy deprisa, pero el aire frío me daba con gran fuerza en la cara, aunque él debía de sentirlo mas ya que me había dado a mí el único casco que tenía, muy a mi pesar, pero bueno.
Llevábamos ya dos horas de viaje, así que, le pedí que parásemos a descansar, pero él insistió en seguir un poco más hasta llegar a un bar o una gasolinera donde comprar algo.
Quince minutos mas tarde vimos una gasolinera al fondo y decidimos parar a comprar y a recargar gasolina. Quedaban apenas quinientos metros cuando de la nada salió un coche y chocó con nosotros.
Por lo que me dijeron las pocas personas que estuvieron allí yo permanecí inconsciente unos diez minutos. Cuando me desperté, me dolía mucho la cabeza y aun más el brazo, pero por lo demás estaba bien. Fui donde estaba Jairo, no podía creerlo, solo podía gritar y gritar pidiendo ayuda, él estaba inconsciente y su pierna no paraba de sangrar. Lo abracé con todas mis fuerzas, como hacía siempre que algo iba mal. La gente llamaba a urgencias, pero allí no aparecía nadie.
Yo lo tenía en mis rodillas mientras veía como se iba desangrando y yo no podía hacer nada.
Pasada media hora llegó la ambulancia, para decir: “Lo siento, ha muerto”
No podía creerlo, lo que yo creía que era el comienzo de mi felicidad, había
sido el comienzo de mi eterna tristeza.
Os contaré la historia desde el principio y así os podréis hacer una idea de lo que él era para mí y de lo que yo era para él.
Nos conocimos demostrando los dos lo torpes que somos, tropezamos en el instituto y nos dimos un cabezazo.
Era el primer día del último trimestre del último curso y él acababa de llegar, era realmente perfecto. Su pelo castaño brillaba como diez mil lingotes de oro, sus ojos eran negros como el azabache y su mirada podía mantenerte parada y hasta hacer olvidar tu propio nombre. Era bastante alto, algo mas de 1,70. Sí, sé que es poco, pero comparada conmigo, que tan solo mido 1.53 eso es bastante ¿sabéis? Era perfecto físicamente, pero me juraba lo que quisierais a que era el típico creído de instituto, solo había que ver a todas las ovejas del rebaño abalanzándose sobre el malo, perfecto e irresistible lobo. En fin, no sé que hacia fijándome en él, no era mi tipo, ó bueno mas bien yo no era el suyo, pero ese es otro tema.
El profesor de Biología mandó hacer un trabajo por parejas sobre la reproducción de los mamíferos. El hecho de hacer un trabajo de la asignatura que más odio ya resulta inaguantable, pero más aún lo era hacerlo con un chico al que acabas de conocer y al que odias, sin aún saber muy bien el porqué.
Todas las chicas me felicitaban, decían que era una afortunada por pasar una tarde con él, aunque sólo fuese para hacer un trabajo. Yo lo veía como un fastidio, pero preferí no decirlo. Sólo una chica no se acercó a felicitarme, era Bárbara. Estaba en el fondo de clase y me miraba como si me fuese a matar con la mirada. “Barbi”, que era así como se hacía llamar, era algo así como la diva del instituto, todo lo que quería lo conseguía y todos la conocían. Si tenías un problema con ella lo tenías con todo el instituto, así que yo siempre procuraba mantener las distancias intentando evitar demostrar mi gran odio hacia su persona.
Al acabar las clases, salí a la parte de atrás a esperar a mi padre como siempre, cuando oí que alguien gritaba: ¡Mel! Me giré para ver quien me llamaba y era él, Jairo.
-¿Cuándo te viene bien quedar par hacer el trabajo, Mel?
-Dos cosas: para ti no soy Mel, soy Melinda y mañana después de clase en la biblioteca.
-Me parece bien niña con carácter – dijo con esa sonrisa odiosa y a la vez encantadora.
-Quizás tu seas un niño, pero yo dejé de ser una niña hace ya bastante tiempo.
Fue lo último que dije y mientras el corazón me latía a una velocidad que no lo había hecho nunca, me subí al coche de mi padre. Mientras él seguía ahí parado, sonriendo como un idiota.
Al día siguiente, al acabar las clases fui a la biblioteca. Ahí estaba él, sentado al fondo y rodeado de ovejas balando. Es impresionante como un par de ojos bonitos y una melena brillante pueden anular las neuronas de una adolescente.
-Hola-dije con indiferencia.
-Hola Mel, digo Melinda, te he guardado un sitio.
-Muy amable. Aquí tengo algo de información que busqué ayer. ¿Tu has hecho algo o no?-dije con un tono verdaderamente borde.
-Sí, he traído información generalizada y algunos casos especiales como ejemplos.
-Si bueno, no está mal...
Era impresionante había todo tipo de información, cerca de veinte páginas escritas a mano con miles de descripciones y explicaciones detalladas frente a las dos páginas que yo había logrado escribir en toda una tarde.
-¿Te puedo preguntar una cosa?
-Tu pregunta que ya veré yo si te respondo- contesté un tanto intrigada.
-¿Eres así con todos? Me refiero, no me conoces y no me has regalado precisamente cajas de amabilidad.
-Sí que te conozco, eres el típico creído y egocéntrico que cree que puede conseguirlo todo con sólo una mirada. Eres el tipo de chico que no soporto.
-No me has dado oportunidad ni siquiera de presentarme, sólo has sabido prejuzgar, cuando mi única intención era conocerte- seguía sin quitar esa sonrisa que cada vez me ponía más nerviosa.
-¿Y por qué querrías conocerme? Soy la que se sienta al fondo de la clase y no habla con nadie. Ya me han tomado el pelo muchas veces y no estoy dispuesta a pasar por eso una vez más.
-Precisamente porque eres la única chica que no se ha abalanzado sobre mí en cuanto me ha visto, por eso quiero conocerte. Y entonces que, ¿me das una oportunidad?
Aunque yo siguiera odiándole, esas palabras se habían ganado una oportunidad, ¿no creéis?
-Está bien, me voy de vacaciones hoy y no vuelvo hasta dentro de una semana. ¿Nos vemos el martes?
-Me parece perfecto. ¿A las cinco en el quiosco de la esquina?
-No, a las cinco y cinco en el bar de al lado del quiosco de la esquina.
-¿Te gusta siempre tener la última palabra verdad? Pues allí nos veremos.-y se marchó antes de que yo pudiese pensar una respuesta ingeniosa.
Una semana después, llegó el martes. Era día trece, sé que eso de creer en que da mala suerte es ridículo, pero incluso a los que no son supersticiosos, este número no les hace especial gracia, sólo hay que ver que los aviones no tienen fila trece.
Llegué justo a y cinco y él llegó a y diez, lo primero que dijo fue: Lo bueno se hace esperar. No pude evitar sacar una sonrisa, aunque claro, él ya la traía puesta de casa. Fuimos a unas colinas que hay cerca del barrio, es un sitio bastante tranquilo y no pasa demasiada gente, además hay unas mesas con bancos y la carretera está lejos, así que solo se oye el viento y algún que otro ladrido de perro.
A medida que hablaba me iba pareciendo menos y menos imbécil.
¿Sabéis que una persona de diecisiete años puede llegar a vivir en siete ciudades distintas? Pues yo ahora sí. Su padre era pastor de una iglesia evangélica y tenía que ir a donde le mandasen, él me contó que no creía en nada de eso, pero que sus padres, en cierto modo, le obligaban a creer en ello. Deseaba cumplir los dieciocho para poder marcharse a alguna parte lejos de su familia para poder creer en lo que él quisiera y hacer lo que le apeteciera. Esa historia me sonaba, mis padres han organizado mi vida desde que usaba pañales, han elegido mis institutos, mis colegios, mi vida era un horario de clase, con la diferencia de que nunca tenía recreos, en los que hacer lo que cualquier adolescente normal haría, ya sabéis salir y todo eso. Mis padres querían que estudiase medicina, como ellos, aunque quizás si me hubiesen dado la oportunidad de hablar, se habrían dado cuenta de que yo llevo mucho tiempo queriendo estudiar magisterio. Me pareció que me había equivocado, lo había juzgado sin haberlo conocido. Así que vi oportuno pedirle perdón y lo que él contestó fue: Llevaba toda la tarde esperando escuchar esa palabra.
Se levantó y me agarró de la mano, haciendo que me levantase yo también, me acercó a él y me acarició la cara al tiempo que acercaba sus labios a los míos. Primero nuestras bocas se rozaron y finalmente, nos besamos.
Me abrazó y creo que pudo sentir que mi corazón latía tan fuerte que hasta una persona en la otra punta de la ciudad podría escucharlo.
-¿Ha sido tu primer beso, verdad?- esa sonrisa me seguía poniendo muy nerviosa.
-Sí... ¿Tanto se ha notado?- noté como al mismo tiempo que las palabras salían de mi boca mis mejillas se ponían mas y más rojas.
-Si, se ha notado bastante porque ha sido el beso más bonito que me han dado en mi vida.
El miércoles llegué a clase muy temprano y en la puerta estaba Jairo, que nada mas verme me dio los mejores buenos días que me habían dado nunca. Creo que fue justo después de besarme, cuando todas las ovejas y los carneros se quedaron mirándonos con la boca abierta, Es más, gente que llevaba conmigo en clase desde primaria, creo que acababa de darse cuenta de mi existencia.
Creo que tendría que aguantar varias tonterías de Bárbara, ya que para ser diferente de los demás nos felicito escupiéndome a la cara, digamos que era su forma de demostrar el gran amor que sentía por mí, pero bueno creo que podría soportarlo.
Nunca había sido tan feliz como los meses en los que estuve con él. Pasar tardes y tardes echada en su pecho, escuchando como me susurraba al oído que jamás me dejaría, recorriendo la ciudad cogidos de la mano y viendo a la gente morirse de envidia, tener el cuerpo lleno de sus besos, oler a él todas las horas del día, andar dos pasos y ver algo que me recordaba a él, era como un cuento de hadas, y algo me hacía pensar que no saldría bien porque ni siquiera cuando tenía siete años me creía los cuentos de hadas, así que mucho menos con diecisiete...
Pasaron semanas y todo seguía perfecto e incluso las tonterías de Bárbara habían cesado.
El doce de Junio comenzaron los exámenes, yo me agobio mucho con ellos ¿sabéis? Siempre pienso que me irá fatal y que no me dará tiempo a entregar los trabajos. Pero claro “Don Perfecto” nunca se agobiaba y eso me ponía de los nervios.
El diecinueve nos dieron las notas, ambos habíamos aprobado todo.
Lo llamé por la noche para ver que le habían dicho en casa, un simple, están muy bien es lo que recibió. A mí me hubiera gustado oír un muy bien a todas esas críticas, olvidándose de mis logros y fijándose tan sólo en la asignatura que me había ido peor y que de todas formas estaba aprobada con un seis.
Al día siguiente quedamos y me pidió algo que no habría imaginado nunca.
-No sé si te acuerdas que hace unos meses te dije que al cumplir los dieciocho me iría de casa, para poder hacer lo que de verdad deseaba.
-Sí me acuerdo.
-Pues si dices que no, lo entenderé, pero…¿Querrías venir conmigo a no se sabe donde, a ser lo que queramos ser, a creer en lo que queramos creer, a vivir donde queramos vivir, a salir donde queramos salir y a querernos como estoy seguro no lo ha hecho nunca nadie?
-Aunque no quisiera irme contigo tengo que hacerlo, te has metido tanto en mi corazón en tan poco tiempo que aunque quisiera no podría olvidarte, porque ahora mi vida eres tú, no sabría despertarme y no recibir ese mensaje a las siete de la mañana diciéndome lo mucho que me quieres, ni que llegue un sábado y no poder ir contigo a pasear, ni acostarme sin pasar antes una hora al teléfono, simplemente sería incapaz de no quererte.
-¿ Estás segura? Piensa que dejarás aquí a tus padres.
-Sé lo que quiero y te quiero a ti. Nuestros padres nunca nos han dejado ser nosotros, ya es hora ¿no?-dije observándome en como sonreía sin poder evitarlo.
-Está bien, mañana te espero en el bar de al lado del quiosco de la esquina a las cinco y cinco.
-No, en el quiosco de la esquina a las cinco y sé puntual.
-Lo seré. No traigas mucho equipaje, vamos en moto.
-¿En moto? ¿Eso es seguro?- no me hacía mucha gracia eso, las motos no eran muy amigas mías.
-Tranquila, cuando estés conmigo nunca te pasará nada, yo te protegeré siempre ¿vale?
-Confiaré en ti entonces. Te quiero. Hasta mañana.
-Y yo a ti, pequeña.
El resto ya lo conocéis. Él tenía razón, mientras estuviese con él no me pasaría nada a mí, pero yo no pude protegerle. Yo vi como moría en mis brazos y vi como todos nuestros sueños desaparecían por segundos como los muñecos de nieve al salir el sol. Ya han pasado siete meses y yo aún no he logrado olvidarle, quizás tampoco lo he intentado.
Ahora estudio magisterio en Málaga, la ciudad a la que me iba a llevar, me enteré por unos planos que encontré en su mochila y cada día lo recuerdo e imagino que está a mi lado, porque como bien dijo, nunca me dejaría y yo nunca lo olvidaré.
Llevábamos ya dos horas de viaje, así que, le pedí que parásemos a descansar, pero él insistió en seguir un poco más hasta llegar a un bar o una gasolinera donde comprar algo.
Quince minutos mas tarde vimos una gasolinera al fondo y decidimos parar a comprar y a recargar gasolina. Quedaban apenas quinientos metros cuando de la nada salió un coche y chocó con nosotros.
Por lo que me dijeron las pocas personas que estuvieron allí yo permanecí inconsciente unos diez minutos. Cuando me desperté, me dolía mucho la cabeza y aun más el brazo, pero por lo demás estaba bien. Fui donde estaba Jairo, no podía creerlo, solo podía gritar y gritar pidiendo ayuda, él estaba inconsciente y su pierna no paraba de sangrar. Lo abracé con todas mis fuerzas, como hacía siempre que algo iba mal. La gente llamaba a urgencias, pero allí no aparecía nadie.
Yo lo tenía en mis rodillas mientras veía como se iba desangrando y yo no podía hacer nada.
Pasada media hora llegó la ambulancia, para decir: “Lo siento, ha muerto”
No podía creerlo, lo que yo creía que era el comienzo de mi felicidad, había
sido el comienzo de mi eterna tristeza.
Os contaré la historia desde el principio y así os podréis hacer una idea de lo que él era para mí y de lo que yo era para él.
Nos conocimos demostrando los dos lo torpes que somos, tropezamos en el instituto y nos dimos un cabezazo.
Era el primer día del último trimestre del último curso y él acababa de llegar, era realmente perfecto. Su pelo castaño brillaba como diez mil lingotes de oro, sus ojos eran negros como el azabache y su mirada podía mantenerte parada y hasta hacer olvidar tu propio nombre. Era bastante alto, algo mas de 1,70. Sí, sé que es poco, pero comparada conmigo, que tan solo mido 1.53 eso es bastante ¿sabéis? Era perfecto físicamente, pero me juraba lo que quisierais a que era el típico creído de instituto, solo había que ver a todas las ovejas del rebaño abalanzándose sobre el malo, perfecto e irresistible lobo. En fin, no sé que hacia fijándome en él, no era mi tipo, ó bueno mas bien yo no era el suyo, pero ese es otro tema.
El profesor de Biología mandó hacer un trabajo por parejas sobre la reproducción de los mamíferos. El hecho de hacer un trabajo de la asignatura que más odio ya resulta inaguantable, pero más aún lo era hacerlo con un chico al que acabas de conocer y al que odias, sin aún saber muy bien el porqué.
Todas las chicas me felicitaban, decían que era una afortunada por pasar una tarde con él, aunque sólo fuese para hacer un trabajo. Yo lo veía como un fastidio, pero preferí no decirlo. Sólo una chica no se acercó a felicitarme, era Bárbara. Estaba en el fondo de clase y me miraba como si me fuese a matar con la mirada. “Barbi”, que era así como se hacía llamar, era algo así como la diva del instituto, todo lo que quería lo conseguía y todos la conocían. Si tenías un problema con ella lo tenías con todo el instituto, así que yo siempre procuraba mantener las distancias intentando evitar demostrar mi gran odio hacia su persona.
Al acabar las clases, salí a la parte de atrás a esperar a mi padre como siempre, cuando oí que alguien gritaba: ¡Mel! Me giré para ver quien me llamaba y era él, Jairo.
-¿Cuándo te viene bien quedar par hacer el trabajo, Mel?
-Dos cosas: para ti no soy Mel, soy Melinda y mañana después de clase en la biblioteca.
-Me parece bien niña con carácter – dijo con esa sonrisa odiosa y a la vez encantadora.
-Quizás tu seas un niño, pero yo dejé de ser una niña hace ya bastante tiempo.
Fue lo último que dije y mientras el corazón me latía a una velocidad que no lo había hecho nunca, me subí al coche de mi padre. Mientras él seguía ahí parado, sonriendo como un idiota.
Al día siguiente, al acabar las clases fui a la biblioteca. Ahí estaba él, sentado al fondo y rodeado de ovejas balando. Es impresionante como un par de ojos bonitos y una melena brillante pueden anular las neuronas de una adolescente.
-Hola-dije con indiferencia.
-Hola Mel, digo Melinda, te he guardado un sitio.
-Muy amable. Aquí tengo algo de información que busqué ayer. ¿Tu has hecho algo o no?-dije con un tono verdaderamente borde.
-Sí, he traído información generalizada y algunos casos especiales como ejemplos.
-Si bueno, no está mal...
Era impresionante había todo tipo de información, cerca de veinte páginas escritas a mano con miles de descripciones y explicaciones detalladas frente a las dos páginas que yo había logrado escribir en toda una tarde.
-¿Te puedo preguntar una cosa?
-Tu pregunta que ya veré yo si te respondo- contesté un tanto intrigada.
-¿Eres así con todos? Me refiero, no me conoces y no me has regalado precisamente cajas de amabilidad.
-Sí que te conozco, eres el típico creído y egocéntrico que cree que puede conseguirlo todo con sólo una mirada. Eres el tipo de chico que no soporto.
-No me has dado oportunidad ni siquiera de presentarme, sólo has sabido prejuzgar, cuando mi única intención era conocerte- seguía sin quitar esa sonrisa que cada vez me ponía más nerviosa.
-¿Y por qué querrías conocerme? Soy la que se sienta al fondo de la clase y no habla con nadie. Ya me han tomado el pelo muchas veces y no estoy dispuesta a pasar por eso una vez más.
-Precisamente porque eres la única chica que no se ha abalanzado sobre mí en cuanto me ha visto, por eso quiero conocerte. Y entonces que, ¿me das una oportunidad?
Aunque yo siguiera odiándole, esas palabras se habían ganado una oportunidad, ¿no creéis?
-Está bien, me voy de vacaciones hoy y no vuelvo hasta dentro de una semana. ¿Nos vemos el martes?
-Me parece perfecto. ¿A las cinco en el quiosco de la esquina?
-No, a las cinco y cinco en el bar de al lado del quiosco de la esquina.
-¿Te gusta siempre tener la última palabra verdad? Pues allí nos veremos.-y se marchó antes de que yo pudiese pensar una respuesta ingeniosa.
Una semana después, llegó el martes. Era día trece, sé que eso de creer en que da mala suerte es ridículo, pero incluso a los que no son supersticiosos, este número no les hace especial gracia, sólo hay que ver que los aviones no tienen fila trece.
Llegué justo a y cinco y él llegó a y diez, lo primero que dijo fue: Lo bueno se hace esperar. No pude evitar sacar una sonrisa, aunque claro, él ya la traía puesta de casa. Fuimos a unas colinas que hay cerca del barrio, es un sitio bastante tranquilo y no pasa demasiada gente, además hay unas mesas con bancos y la carretera está lejos, así que solo se oye el viento y algún que otro ladrido de perro.
A medida que hablaba me iba pareciendo menos y menos imbécil.
¿Sabéis que una persona de diecisiete años puede llegar a vivir en siete ciudades distintas? Pues yo ahora sí. Su padre era pastor de una iglesia evangélica y tenía que ir a donde le mandasen, él me contó que no creía en nada de eso, pero que sus padres, en cierto modo, le obligaban a creer en ello. Deseaba cumplir los dieciocho para poder marcharse a alguna parte lejos de su familia para poder creer en lo que él quisiera y hacer lo que le apeteciera. Esa historia me sonaba, mis padres han organizado mi vida desde que usaba pañales, han elegido mis institutos, mis colegios, mi vida era un horario de clase, con la diferencia de que nunca tenía recreos, en los que hacer lo que cualquier adolescente normal haría, ya sabéis salir y todo eso. Mis padres querían que estudiase medicina, como ellos, aunque quizás si me hubiesen dado la oportunidad de hablar, se habrían dado cuenta de que yo llevo mucho tiempo queriendo estudiar magisterio. Me pareció que me había equivocado, lo había juzgado sin haberlo conocido. Así que vi oportuno pedirle perdón y lo que él contestó fue: Llevaba toda la tarde esperando escuchar esa palabra.
Se levantó y me agarró de la mano, haciendo que me levantase yo también, me acercó a él y me acarició la cara al tiempo que acercaba sus labios a los míos. Primero nuestras bocas se rozaron y finalmente, nos besamos.
Me abrazó y creo que pudo sentir que mi corazón latía tan fuerte que hasta una persona en la otra punta de la ciudad podría escucharlo.
-¿Ha sido tu primer beso, verdad?- esa sonrisa me seguía poniendo muy nerviosa.
-Sí... ¿Tanto se ha notado?- noté como al mismo tiempo que las palabras salían de mi boca mis mejillas se ponían mas y más rojas.
-Si, se ha notado bastante porque ha sido el beso más bonito que me han dado en mi vida.
El miércoles llegué a clase muy temprano y en la puerta estaba Jairo, que nada mas verme me dio los mejores buenos días que me habían dado nunca. Creo que fue justo después de besarme, cuando todas las ovejas y los carneros se quedaron mirándonos con la boca abierta, Es más, gente que llevaba conmigo en clase desde primaria, creo que acababa de darse cuenta de mi existencia.
Creo que tendría que aguantar varias tonterías de Bárbara, ya que para ser diferente de los demás nos felicito escupiéndome a la cara, digamos que era su forma de demostrar el gran amor que sentía por mí, pero bueno creo que podría soportarlo.
Nunca había sido tan feliz como los meses en los que estuve con él. Pasar tardes y tardes echada en su pecho, escuchando como me susurraba al oído que jamás me dejaría, recorriendo la ciudad cogidos de la mano y viendo a la gente morirse de envidia, tener el cuerpo lleno de sus besos, oler a él todas las horas del día, andar dos pasos y ver algo que me recordaba a él, era como un cuento de hadas, y algo me hacía pensar que no saldría bien porque ni siquiera cuando tenía siete años me creía los cuentos de hadas, así que mucho menos con diecisiete...
Pasaron semanas y todo seguía perfecto e incluso las tonterías de Bárbara habían cesado.
El doce de Junio comenzaron los exámenes, yo me agobio mucho con ellos ¿sabéis? Siempre pienso que me irá fatal y que no me dará tiempo a entregar los trabajos. Pero claro “Don Perfecto” nunca se agobiaba y eso me ponía de los nervios.
El diecinueve nos dieron las notas, ambos habíamos aprobado todo.
Lo llamé por la noche para ver que le habían dicho en casa, un simple, están muy bien es lo que recibió. A mí me hubiera gustado oír un muy bien a todas esas críticas, olvidándose de mis logros y fijándose tan sólo en la asignatura que me había ido peor y que de todas formas estaba aprobada con un seis.
Al día siguiente quedamos y me pidió algo que no habría imaginado nunca.
-No sé si te acuerdas que hace unos meses te dije que al cumplir los dieciocho me iría de casa, para poder hacer lo que de verdad deseaba.
-Sí me acuerdo.
-Pues si dices que no, lo entenderé, pero…¿Querrías venir conmigo a no se sabe donde, a ser lo que queramos ser, a creer en lo que queramos creer, a vivir donde queramos vivir, a salir donde queramos salir y a querernos como estoy seguro no lo ha hecho nunca nadie?
-Aunque no quisiera irme contigo tengo que hacerlo, te has metido tanto en mi corazón en tan poco tiempo que aunque quisiera no podría olvidarte, porque ahora mi vida eres tú, no sabría despertarme y no recibir ese mensaje a las siete de la mañana diciéndome lo mucho que me quieres, ni que llegue un sábado y no poder ir contigo a pasear, ni acostarme sin pasar antes una hora al teléfono, simplemente sería incapaz de no quererte.
-¿ Estás segura? Piensa que dejarás aquí a tus padres.
-Sé lo que quiero y te quiero a ti. Nuestros padres nunca nos han dejado ser nosotros, ya es hora ¿no?-dije observándome en como sonreía sin poder evitarlo.
-Está bien, mañana te espero en el bar de al lado del quiosco de la esquina a las cinco y cinco.
-No, en el quiosco de la esquina a las cinco y sé puntual.
-Lo seré. No traigas mucho equipaje, vamos en moto.
-¿En moto? ¿Eso es seguro?- no me hacía mucha gracia eso, las motos no eran muy amigas mías.
-Tranquila, cuando estés conmigo nunca te pasará nada, yo te protegeré siempre ¿vale?
-Confiaré en ti entonces. Te quiero. Hasta mañana.
-Y yo a ti, pequeña.
El resto ya lo conocéis. Él tenía razón, mientras estuviese con él no me pasaría nada a mí, pero yo no pude protegerle. Yo vi como moría en mis brazos y vi como todos nuestros sueños desaparecían por segundos como los muñecos de nieve al salir el sol. Ya han pasado siete meses y yo aún no he logrado olvidarle, quizás tampoco lo he intentado.
Ahora estudio magisterio en Málaga, la ciudad a la que me iba a llevar, me enteré por unos planos que encontré en su mochila y cada día lo recuerdo e imagino que está a mi lado, porque como bien dijo, nunca me dejaría y yo nunca lo olvidaré.
domingo, 25 de julio de 2010
" Su corazón está dormido y escucho como dice adiós al mundo. "
En mi puerta, una pequeña caja rosa cerrada por un lazo negro me esperaba. En su interior, un caro y detallado conjunto del lencería esperaba a ser estrenado y junto a él una nota me decía:
" Póntelo antes de entrar en casa. Te quiero. "
Tras unos minutos, salgo del ascensor con el regalo puesto y abro la puerta.Sonaba una canción en inglés, no se que significaba pero por el relajado ritmo y la continua repetición de la palabra amor imagino que seria una melodía triste y romántica, apropiada para el momento quizás. Una pequeña vocecilla me dice no prendas la luz. Avanzo a ciegas hasta llegar al pasillo iluminado por velas con olor a fresa que se mezcla con el fuerte olor a incienso. Llego a la habitación, tan solo en ropa interior. Me espera tras la puerta y me da un pequeño susto, aunque de todas formas mi corazón ya está acelerado. Es mi primera vez. Te quiero me dice, yo también pienso pero se queda en eso, en un pensamiento porque no me sale la voz. Me besa despacio y me coge con suavidad, como si fuese una rosa marchita a la que hay que curar. Me deja en la cama y me mira como si fuese la ultima vez que lo fuese a hacer. Me pregunta si estoy bien y le contesto que mejor que en el cielo, el me dice: " tu solo relájate". Lo hago y es entonces cuando comienzo a disfrutar. Me besa todo el cuerpo, sin dejar ni un pequeño hueco sin su aroma, la yema de sus dedos roza mis pechos, me hace cosquillas y me susurra las cosas mas bonitas existentes. Me echo encima de él y me enseña las estrellas, me mira, le miro, sonreímos. Apoyo mi cabeza en su pecho y escucho su corazón acelerado. Su mano derecha acaricia mi pelo y me besa. Le abrazo muy fuerte, no quiero que me deje jamás. Nos dormimos.
Tres horas mas tarde despierto, pero él aun duerme. Recorro despacio su cuerpo con mis labios y después rápidos y desordenados besos llenan su rostro. No sé despierta, lo sacudo riéndome, es muy bromista. Está helado, no se despierta..
- Lucas, venga despierta, ya no tiene gracia...me estás asustando - grito.
Su corazón esta dormido y escucho como dice adiós al mundo. Le abrazo, no quiero dejarlo. Mientras me seco las lágrimas veo una nota en su mano izquierda, dice:
Querida Lara:
Se que tenía que haberte dicho que tengo cáncer y que pensaba atiborrarme de pastillas para terminar con todo, pero si no he tenido el valor de afrontar la enfermedad comprenderás que tampoco lo tendría para decirle a mi vida que quiero dejar de vivir. Quiero que sepas que te quiero y que te esperaré siempre. Y que allá donde vaya ahora, la silla de al lado estará reservada para cuando tu vengas, pero no tengas prisa, prefiero echarte de menos un tiempo.
Te quiero.
Siempre seré tuya, Marcos.
Dos meses después en la consulta del médico.
- ¿Señorita Nardielli?
-Sí, soy yo.
-Pase.
- ¿Y bien? ¿Qué tengo?
- Un embarazo, cariño.
- ¿Sabe una cosa, doctora?
- Dime
- Se llamará Lucas y será el hombre mas maravilloso del mundo.
- No me queda la menor duda.
- Usted no lo entiende, pero lo será.
" Póntelo antes de entrar en casa. Te quiero. "
Tras unos minutos, salgo del ascensor con el regalo puesto y abro la puerta.Sonaba una canción en inglés, no se que significaba pero por el relajado ritmo y la continua repetición de la palabra amor imagino que seria una melodía triste y romántica, apropiada para el momento quizás. Una pequeña vocecilla me dice no prendas la luz. Avanzo a ciegas hasta llegar al pasillo iluminado por velas con olor a fresa que se mezcla con el fuerte olor a incienso. Llego a la habitación, tan solo en ropa interior. Me espera tras la puerta y me da un pequeño susto, aunque de todas formas mi corazón ya está acelerado. Es mi primera vez. Te quiero me dice, yo también pienso pero se queda en eso, en un pensamiento porque no me sale la voz. Me besa despacio y me coge con suavidad, como si fuese una rosa marchita a la que hay que curar. Me deja en la cama y me mira como si fuese la ultima vez que lo fuese a hacer. Me pregunta si estoy bien y le contesto que mejor que en el cielo, el me dice: " tu solo relájate". Lo hago y es entonces cuando comienzo a disfrutar. Me besa todo el cuerpo, sin dejar ni un pequeño hueco sin su aroma, la yema de sus dedos roza mis pechos, me hace cosquillas y me susurra las cosas mas bonitas existentes. Me echo encima de él y me enseña las estrellas, me mira, le miro, sonreímos. Apoyo mi cabeza en su pecho y escucho su corazón acelerado. Su mano derecha acaricia mi pelo y me besa. Le abrazo muy fuerte, no quiero que me deje jamás. Nos dormimos.
Tres horas mas tarde despierto, pero él aun duerme. Recorro despacio su cuerpo con mis labios y después rápidos y desordenados besos llenan su rostro. No sé despierta, lo sacudo riéndome, es muy bromista. Está helado, no se despierta..
- Lucas, venga despierta, ya no tiene gracia...me estás asustando - grito.
Su corazón esta dormido y escucho como dice adiós al mundo. Le abrazo, no quiero dejarlo. Mientras me seco las lágrimas veo una nota en su mano izquierda, dice:
Querida Lara:
Se que tenía que haberte dicho que tengo cáncer y que pensaba atiborrarme de pastillas para terminar con todo, pero si no he tenido el valor de afrontar la enfermedad comprenderás que tampoco lo tendría para decirle a mi vida que quiero dejar de vivir. Quiero que sepas que te quiero y que te esperaré siempre. Y que allá donde vaya ahora, la silla de al lado estará reservada para cuando tu vengas, pero no tengas prisa, prefiero echarte de menos un tiempo.
Te quiero.
Siempre seré tuya, Marcos.
Dos meses después en la consulta del médico.
- ¿Señorita Nardielli?
-Sí, soy yo.
-Pase.
- ¿Y bien? ¿Qué tengo?
- Un embarazo, cariño.
- ¿Sabe una cosa, doctora?
- Dime
- Se llamará Lucas y será el hombre mas maravilloso del mundo.
- No me queda la menor duda.
- Usted no lo entiende, pero lo será.
martes, 20 de julio de 2010
"Fuiste mi sol tardío y serás mi luna temprana"
Entre en la habitación, abrí despacio la puerta, como si de puro cristal se tratase. En cuanto mi cuerpo se encontró en el interior de la habitación volví a cerrar la puerta, aún mas despacio. Quería silencio, absoluto silencio hasta que comenzase la melodía... la melodía final. Me descalcé, mis tacones aterrizaron forzosamente contra el suelo, siempre he odiado esos zapatos, pura fachada. Llevo el vestido que él me regaló, rojo pasión, "como nuestro amor " solía decir él. Mi corazón nunca había latido con tanta intensidad como cuando él acercaba su cabeza a mi pecho para escucharlo, mis manos nunca habían sido tan hábiles con el piano, mis pies nunca habían bailado con tanta ansia, mis brazos jamás habían abrazado con tanto amor y mi boca jamás había sonreído tan sinceramente. Mi cuerpo jamás había volado hasta que lo conoció a él, en ese momento me convertí en un ave grandiosa, un águila quizás. Me hizo sobrevolar la ciudad con sólo susurrarme varios versos al oído. Llegué a oler las nubes, dulces, aprecié el tacto rugoso de las estrellas y dormí sobre la luna.
Tan sólo veintinueve pasos me separan del instrumento, pero llevo diez minutos pensando en silencio y llevo menos de la mitad. Era mi vida y ahora será la causa de mi muerte. Las paredes de la habitación son rojas, él mismo las pinto antes de comenzar a dormir la siesta eterna, el techo sirve de lienzo para un retrato nuestro y en el suelo, de color negro, se repite una y otra vez: Fuiste mi sol tardío y serás mi luna temprana. Yo lo entiendo, el lo entendió, usted llevará siempre la intriga. Ya estoy en el piano, tomo asiento y levanto la tapa. Las teclas brillan. Alzo las manos y las bajo poco a poco, alcanzo las teclas y toco por última vez. Cierro los ojos, los abro, lo veo. Sobre el piano, sonriente y en traje de baile me acaricia. Me observa tocar unos minutos y después me tiende su mano, yo la tomo y me retiro del piano, aún así la melodía continua. Bailamos mas cerca que nunca, y nuestros ojos forman una barrera imposible de traspasar. Bailé durante días hasta morir del cansancio, hablo literalmente.
Tan sólo veintinueve pasos me separan del instrumento, pero llevo diez minutos pensando en silencio y llevo menos de la mitad. Era mi vida y ahora será la causa de mi muerte. Las paredes de la habitación son rojas, él mismo las pinto antes de comenzar a dormir la siesta eterna, el techo sirve de lienzo para un retrato nuestro y en el suelo, de color negro, se repite una y otra vez: Fuiste mi sol tardío y serás mi luna temprana. Yo lo entiendo, el lo entendió, usted llevará siempre la intriga. Ya estoy en el piano, tomo asiento y levanto la tapa. Las teclas brillan. Alzo las manos y las bajo poco a poco, alcanzo las teclas y toco por última vez. Cierro los ojos, los abro, lo veo. Sobre el piano, sonriente y en traje de baile me acaricia. Me observa tocar unos minutos y después me tiende su mano, yo la tomo y me retiro del piano, aún así la melodía continua. Bailamos mas cerca que nunca, y nuestros ojos forman una barrera imposible de traspasar. Bailé durante días hasta morir del cansancio, hablo literalmente.
sábado, 17 de julio de 2010
Imán de infelicidad.
Fue aquella noche, ya avanzada, cuando la vi. Era tan...perfecta. Pude ver brillar sus labios rojos al otro lado de la pista. Su pelo aun más negro que el propio azabache cubría su espalda hasta donde esta pierde su nombre. Sus pestañas revoloteaban como pequeñas alas de diminutas mariposas. Su cuerpo estaba cubierto por un ceñido vestido rojo, atrevido pero tímido pues solo deja ver los hombros y sus blancos brazos. Zapatos de tacón concluyen un estilo perfecto, hecho para atraer a todo hombre existente.
No suelo frecuentar estos lugares, pero necesitaba salir un poco de casa, desconectar y eso.
Me tomo dos o tres tequilas, los necesito para dirigirme a semejante belleza. Se percata de mi acercamiento, aparta su cabello sobre el hombro derecho y se retoca el pintalabios.
-Hola, soy Víctor – tartamudeo.
-Eres el primero que se presenta antes de arrojarme a la cama.
-¿Cama?
-Si, una hora son 100 euros, dos, el doble y así sucesivamente.
-Pero yo solo quería conversar con usted.
-Fíjate, hoy he tenido suerte, me ha tocado un educado, cobraré y sólo desea hablar, ¿es usted un hombre de verdad?
-¿Y no es posible conversar con usted sin tener que pagarle nada?
-¿Esta ofreciendo una cita a una puta?
-A una hermosa señorita – corrijo.
Parece desconcertada. No quiero ser egocéntrico, pero algo me dice que soy la primera persona en mucho tiempo que la trata con cariño, o simplemente con respeto.
Son las tres de la mañana, llevo cinco horas observándola y tres hablando con ella. Mi corazón me confiesa llevar enamorado de ella desde hace siete vidas, cuando era un caballo.
-¿ Por qué es...?
-¿ Vendedora de orgasmos? Nadie se dedica a esto por vocación, ni siquiera para sobrevivir o eso pienso yo. Yo tengo algo demasiado valioso que no se merece un mal final pues ya comenzó con un horroroso principio.
-¿Qué es eso tan valioso?
-Ya es muy tarde y no amo mi trabajo como para permanecer en mi “oficina” todo el día, quizás otro día y en otro lugar mi memoria tenga ganas de recordar la historia con detalles y tal vez mis labios ganas de pronunciarla.
-Pero ¿Dónde te encontraré?
-Quien busca con esperanza de encontrar, encuentra.
Arrancó su bolso de las manos de aquel borracho tumbado en el suelo con la esperanza de ver aquello que no puede pagar y que ninguna mujer le entregará nunca voluntariamente y salió del bar acaparando todas las miradas de admiración de todos los caballeros, si se les puede atribuir ese titulo y las de envidia de las mujeres. Con su marcha el local perdió la única gota de valor en todo ese océano de vicio y vidas vacías.
Nota 1: No sé si la continuaré.
No suelo frecuentar estos lugares, pero necesitaba salir un poco de casa, desconectar y eso.
Me tomo dos o tres tequilas, los necesito para dirigirme a semejante belleza. Se percata de mi acercamiento, aparta su cabello sobre el hombro derecho y se retoca el pintalabios.
-Hola, soy Víctor – tartamudeo.
-Eres el primero que se presenta antes de arrojarme a la cama.
-¿Cama?
-Si, una hora son 100 euros, dos, el doble y así sucesivamente.
-Pero yo solo quería conversar con usted.
-Fíjate, hoy he tenido suerte, me ha tocado un educado, cobraré y sólo desea hablar, ¿es usted un hombre de verdad?
-¿Y no es posible conversar con usted sin tener que pagarle nada?
-¿Esta ofreciendo una cita a una puta?
-A una hermosa señorita – corrijo.
Parece desconcertada. No quiero ser egocéntrico, pero algo me dice que soy la primera persona en mucho tiempo que la trata con cariño, o simplemente con respeto.
Son las tres de la mañana, llevo cinco horas observándola y tres hablando con ella. Mi corazón me confiesa llevar enamorado de ella desde hace siete vidas, cuando era un caballo.
-¿ Por qué es...?
-¿ Vendedora de orgasmos? Nadie se dedica a esto por vocación, ni siquiera para sobrevivir o eso pienso yo. Yo tengo algo demasiado valioso que no se merece un mal final pues ya comenzó con un horroroso principio.
-¿Qué es eso tan valioso?
-Ya es muy tarde y no amo mi trabajo como para permanecer en mi “oficina” todo el día, quizás otro día y en otro lugar mi memoria tenga ganas de recordar la historia con detalles y tal vez mis labios ganas de pronunciarla.
-Pero ¿Dónde te encontraré?
-Quien busca con esperanza de encontrar, encuentra.
Arrancó su bolso de las manos de aquel borracho tumbado en el suelo con la esperanza de ver aquello que no puede pagar y que ninguna mujer le entregará nunca voluntariamente y salió del bar acaparando todas las miradas de admiración de todos los caballeros, si se les puede atribuir ese titulo y las de envidia de las mujeres. Con su marcha el local perdió la única gota de valor en todo ese océano de vicio y vidas vacías.
Nota 1: No sé si la continuaré.
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